Afectaciones a la dignidad

Abogada. Doctora en derecho y bioética, Universidad de Barcelona. Subdirectora de Derechos Humanos de la S. C. de Mendoza. Directora de la carrera de Bioética y Bioderecho de la Universidad de Mendoza.

1. Introducción. La tutela de la dignidad establecida como fundamento y principio en el artículo 51 del Código Civil y Comercial (CCyC), se extiende a los derechos que se enumeran en el artículo 52, que reconoce de forma expresa los derechos personalísimos a la integridad espiritual, denominación utilizada en doctrina para distinguirlos de aquellos que están relacionados con la integridad física, la vida y la libertad de las personas.

Así, el artículo 52 dispone: “Afectaciones a la dignidad. La persona humana lesionada en su intimidad personal o familiar, honra o reputación, imagen o identidad, o que de cualquier modo resulte menoscabada en su dignidad personal, puede reclamar la prevención y reparación de los daños sufridos, conforme a lo dispuesto en el Libro Tercero, Título V, Capítulo 1”.

El artículo 52 establece cuáles son las consecuencias del atentado a una serie de derechos que hacen a la dignidad personal. De esta manera, la dignidad y sus emanaciones o derivaciones, que en su caso lo constituye todo derecho personalísimo, son objeto de tutela, respeto y reconocimiento, y el propio Código expresamente prevé que ante su lesión, se puede reclamar prevención y reparación.

Complementando lo normado por el artículo 52, el artículo 279, CCyC, en cuanto se refiere al objeto de los actos jurídicos, establece que el objeto no debe ser un hecho imposible o prohibido por la ley, contrario a la moral, a las buenas costumbres, al orden público, o lesivo de los derechos ajenos o de la dignidad humana; y el artículo 1004, CCyC, en cuanto se refiere a los objetos prohibidos en los contratos, incluye los “hechos contrarios a la dignidad de la persona”.
 

2. Los derechos contemplados. En lo que respecta a los derechos contemplados en el artículo 52, la enumeración no es taxativa, pues el texto comprende al menoscabo “de cualquier otro modo” de la “dignidad personal”. Todo menoscabo a la dignidad puede ser entonces objeto de prevención y reparación.

Se mantiene, al igual que en el proyecto de 1998, una regulación abierta. No se mencionan ni regulan cada uno de los derechos personalísimos, sino que se legisla utilizando cláusulas generales; método que además es más acorde a un Código.
 

3. Intimidad. El derecho a la intimidad tiene un ámbito público y otro privado. Este último podrá estar constituido por una o más a personas y responderá a distintas manifestaciones de la intimidad o privacidad.

El artículo citado contempla el derecho a la intimidad personal o familiar de modo que se extiende no sólo a los aspectos de la propia vida, sino también a determinados aspectos de la vida de otras personas con las que se guarde una especial y estrecha vinculación, como es la familiar.

El interés jurídico tutelado por el derecho a la intimidad es la posibilidad que tiene toda persona de poder gozar de un sector privado ajeno al conocimiento de terceros.

La tutela de este derecho históricamente descansó en los artículos 18 y 19 de la Constitución Nacional (CN). El primero de ellos en cuanto establece que “(…) el domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados”. Esta garantía es una consecuencia clara de la protección de la intimidad quedando en la ley la posibilidad de determinar en qué circunstancias puede procederse a la injerencia en el domicilio y los papeles privados. El artículo 19 protege la autodeterminación personal al prohibir la intromisión en las acciones privadas que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a terceros.

La consagración de este derecho en el derogado Código Civil operó mediante la ley 21.173 que incorporó el artículo 1071 bisque expresamente reconoció el derecho a la intimidad y tipificó diversas manifestaciones, como el resguardo de la vida privada, la correspondencia y la publicación de retratos. En el nuevo Código, este artículo se reproduce con mejor técnica legislativa y superando las críticas de la doctrina en el artículo 1770 que expresa: “El que arbitrariamente se entromete en la vida ajena y publica retratos, difunde correspondencia, mortifica a otros en sus costumbres o sentimientos, o perturba de cualquier modo su intimidad, debe ser obligado a cesar en tales actividades, si antes no cesaron, y a pagar una indemnización que debe fijar el juez, de acuerdo con las circunstancias. Además, a pedido del agraviado, puede ordenarse la publicación de la sentencia en un diario o periódico del lugar, si esta medida es procedente para una adecuada reparación”.

3.1 Honor. El artículo 52 del CCyC no define el derecho al honor, por lo que serán aplicables los criterios establecidos por la doctrina y jurisprudencia que han definido el contenido de este derecho.

La protección comprende a la honra o reputación de modo que se tutela tanto la estima propia como a la fama o estimación ajena. Se receptan de esta manera ambas facetas del honor, objetiva y subjetiva.

3.2. Imagen. En lo que respecta a este derecho, remitimos al artículo siguiente.

3.3. Identidad. Sostiene Fernández Sessarego que “la identidad de la persona, en tanto inescindible unidad psicosomática, presupone un complejo de elementos, una multiplicidad de aspectos esencialemente vinculados entre sí, de los cuales unos son de carácter predominantemente físico o somático, mientras que otros son de diversa índole, ya sea ésta psicológica, espiritual, cultural, ideológica, religiosa o política. Estos múltiples elementos son los que, en conjunto, perfilan el ser `uno mismo´, diferente a los demás, no obstante que todos los seres humanos son iguales“.

Siguiendo a este autor, el derecho a la identidad comprende entonces no solo la identidad estática, sino también la dinámica. El nuevo Código expresamente extiende el reconocimiento a esta última en la regulación de los derechos personalísimos.

La identidad estática responde a la concepción restrictiva de “identificación” (huellas digitales, fecha y lugar de nacimiento, el nombre de los progenitores, entre otros datos) y, por eso, como regla, se construye sobre los datos físicos o si se quiere, materiales de una persona. La identidad en su faz dinámica involucra las relaciones sociales que la persona va generando a lo largo de su vida; por lo tanto, comprende su historia personal, su biografía existencial, su estructura social y cultural.
 

4. Consecuencias de la lesión. Conforme la regla establecida en este artículo 52, CCyC, toda afectación a la dignidad, en la medida que reúna los requisitos de la responsabilidad civil, podrá ser objeto de prevención y reparación, conforme a lo dispuesto en el Libro Tercero, Título V, Capítulo 1, que regula todo lo relativo a esta responsabilidad por daños. Es decir, el titular del derecho lesionado tiene derecho a accionar para reclamar la prevención o la reparación de los daños.

Resulta importante señalar que el artículo en cuestión contempla expresamente la posibilidad de motorizar mecanismos judiciales de prevención o tutela inhibitoria del daño futuro y previsible en relación a derechos personalísimos. Esto es importante porque en este ámbito el resarcimiento o indemnización nunca logra reparar el perjuicio y no existe reparación en especie.

Por último, cabe destacar que el artículo 1738 en consonancia con el artículo 52, prevé que la “indemnización (…) incluye especialmente las consecuencias de la violación de los derechos personalísimos de la víctima, de su integridad personal, su salud psicofísica, sus afecciones espirituales legítimas y las que resultan de la interferencia en su proyecto de vida”.
 

Bibliografía

SALTZER, Anderson. Acerca de la regulación de los derechos personalísimos en el Proyecto de unificación del Código Civil y Comercial. Revista Derecho Privado, Año I, N° 2, Ediciones Infojus, Id Infojus: DACF120177.

FERNÁNDEZ SESSAREGO, Carlos. El derecho a la identidad personal. Revista Jurídica La Ley, 1990-D, pp. 1248.
 

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Recibido: 10/05/2016; Publicado: 03/2017