Disposición de derechos personalísimos

Abogada. Doctora en derecho y bioética, Universidad de Barcelona. Subdirectora de Derechos Humanos de la S. C. de Mendoza. Directora de la carrera de Bioética y Bioderecho de la Universidad de Mendoza.

1. Principio general. El principio universal es la disposición de los derechos personalísimos pero, como plasmación de la misma humanidad y por la propia esencia de esos derechos, queda reservada a la persona misma y debe ser manifestada en un acto de voluntad que no puede presumirse y, ante la duda, debe ser interpretado en forma restrictiva.

Esto se prevé en el artículo 55 del Código Civil y Comercial (CCyC) que dice: “Disposición de derechos personalísimos. El consentimiento para la disposición de los derechos personalísimos es admitido si no es contrario a la ley, la moral o las buenas costumbres. Este consentimiento no se presume, es de interpretación restrictiva, y libremente revocable”.

Entonces, la regla es que la persona, como titular, puede disponer de su derecho a la imagen, a la intimidad, al cuidado de su cuerpo y demás derechos personalísimos, mas por su misma naturaleza y por ser y hacer a la dignidad de la persona, solo se admite el consentimiento si no es contrario a la ley, la moral o las buenas costumbres y solo la propia persona puede consentir esta disposición, la que no podrá presumirse y será siempre interpretada de manera restrictiva.

El artículo, mediante la fórmula expuesta, procura equilibrar dos cuestiones: por un lado, la posibilidad de disponer de derechos propios de una persona y, por el otro, la necesidad de establecer límites a esa disposición, precisamente por la naturaleza y esencia de esos derechos.
 

2. La relatividad. Límites a la posibilidad de disponer. Del artículo 55 se desprende que los derechos personalísimos son relativamente indisponibles, de modo que, en principio, se puede disponer de ellos. Así, una persona puede por contrato obligarse a la participación en una pelea de boxeo disponiendo de su integridad física, o disponer de la privacidad para protagonizar un reality show; o mediante un acto de disposición material o jurídica, permitir la intromisión en su vida privada, o que se difunda su imagen, o que se tatúe su cuerpo, o que se le adose un piercing.

La regla es la libertad. Sin embargo, el límite de libertad de actuación individual o de autodeterminación está en que no se perjudique intolerablemente la dignidad de la persona humana. Por eso es que el límite a la posibilidad de disponer lo constituye que el consentimiento no sea contrario a la ley, la moral o las buenas costumbres. Son casos en los que la justificación del paternalismo es particularmente fuerte y ampliamente compartida en nuestra sociedad.

Los ejemplos más sensibles son los contrats déshumanisants. En el derecho comparado se han juzgado algunos casos emblemáticos de contratos denunciados por tratarse de exhibiciones humanas degradantes. En Francia, tuvo lugar el famoso caso de “Manuel Wackenheim” relativo a un contrato de espectáculo de lanzamiento de persona con enanismo (dwarftossing), invalidado sobre la base de que la dignidad es un valor objetivo inderogable sustraído a la libre disponibilidad del individuo; en Alemania, por su parte, fueron nulificados los contratos de chat lines eróticas y de peep-show fall (…).

Conforme se desprende del artículo 51, CCyC, que sirve de sustento a todo este capítulo, la dignidad constituye un principio material de interpretación de los derechos fundamentales. La disposición de un derecho personalísimo (v.gr. imagen, libertad, integridad física, privacidad, etc.) en el marco de un contrato es siempre, por así decirlo, ad referéndum del orden público humanista que enerva cualquier acuerdo que implique la deshumanización o cosificación de la persona humana involucrada.Por ejemplo, no se puede aceptar que una persona capaz "decida" someterse a un trabajo esclavo por contrato.

Está claro que una persona adulta es soberana para tomar decisiones libres sobre el estilo de vida que desea (art. 19, CN). Como también es claro que el negocio jurídico, siendo un instrumento de autodeterminación es, por naturaleza, un medio de expresión de las preferencias subjetivas, de la libertad emocional y de sentimientos discrecionales jurídicamente no controlables por criterios de razonabilidad. Pero esa libertad deja de justificarse cuando su ejercicio atenta intolerablemente contra la dignidad humana.

Por otro lado, en una sociedad con tendencias inocultables a la mercantilización de la persona humana, dejar sólo en el consentimiento contractual la legitimación de la disposición de un derecho fundamental o personalísimo, equivaldría, en la gran mayoría de los casos, a poner a los vulnerables al servicio de los fuertes, a los pobres al servicio de los ricos.

Entonces, la norma circunscribe los actos de disposición que se hallan prohibidos a límites éticos conformados por principios generales, como el de dignidad, autonomía, beneficencia, etc. Fuera de este marco de prohibición cobra su vitalidad la facultad general dispositiva.
 

3. El consentimiento. Precisamente por tratarse de la disposición de un derecho personalísimo, es que el consentimiento no se presume y debe interpretarse de forma restrictiva. En caso de duda, se entenderá que éste no ha sido otorgado.

Además, por su particularidad, la disposición de estos derechos personales admite siempre la modificación de la voluntad, incluso su revocación. Es decir, este consentimiento es libremente revocable, de modo que no puede dar lugar a resarcir los daños causados, salvo disposición legal en contrario.
 

Bibliografía

BERGEL, Salvador (2015). Derechos y actos personalísimos: la inclusión de los temas bioéticos. En BERGEL, S.; FLAH, L.; HERRERA, M.; LAMM, E.; WIERZBA, S. Bioética en el Código Civil y Comercial. Buenos Aires: La Ley.

DE LORENZO, Miguel F. Contratos, derechos fundamentales y dignidad de la persona humana. La Ley 2011-E, 1258.

CANTAFIO,Fabio Fidel; La salud y los derechos personalísimos en el Proyecto de Código. La Ley 2012-F, 988. Cita Online: AR/DOC/3744/2012.
 

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Recibido: 10/05/2016; Publicado: 03/2017